En el día de los ‘enanos morados’ despertamos bien temprano para ir al aeropuerto de Medellín (con destino final Cartagena de Indias). La carretera es un tramo parecido a la autopista Caracas-La Guaira sólo que en mejor estado y sin maquinarias pesadas con años al costado de la vía.
Subiendo la montaña, el chofer ‘paisa’ se da cuenta de que había algo en el retrovisor que le hacía sombras, la maleta del carro se abrió en una de las curvas y nos percatamos demasiado tarde. Estaba lloviendo a cántaros y cuatro personas en un Corsa taxi empañan los vidrios notablemente. Ya el mal estaba hecho, las maletas de Sergio y Efraín habían desaparecido.
Nos devolvimos para hacer una vuelta de reconocimiento esperando que la suerte nos sonriera a las 4:45am pero después de un rato perderíamos el avión, teníamos que seguir. El taxista llamó por radio a sus compañeros pero nada, cero noticias alentadoras.
Efraín dice: “No me preocupo, es posible que alguien viera las maletas en la carretera y las recogiera. Como yo tengo mi agenda allí de seguro nos llaman”. Es difícil explicar con palabras mi cara ante lo que me parecía una tremenda demostración de ingenuidad. “Si en algún lugar de Colombia nos pueden devolver esas maletas es aquí en Medellín”, insistió, “los paisas son gente es muy preocupada y servicial”.
Pasó el tiempo y nosotros continuamos con nuestro viaje. A eso de las 8:30am, Efraín recibió una llamada anónima de un señor que se había encontrado unas maletas a las 5:15am en su trayecto al aeropuerto de Medellín y luego de intentar comunicarse en varias ocasiones, estaba deseoso de devolver el equipaje a su dueño.
Simplemente todavía no lo puedo creer.













Hablamos mucho -y a la vez resumidamente- de su